jueves, 31 de enero de 2013
3. My little butterfly
Despertador sonando. ¿Dormir? Esa noche no había sabido su significado. Fui adormilada hasta la cocina. Abrí el frigorífico. No me acordaba que estaba vacío. Volví a mi habitación con un concierto de ruidos en el estómago. No tenía ganas de vestirme así que me decidí por una sudadera rosa, unos pitillo y unas vans. Perfecto. Llaves, móvil, dinero... lo tengo todo. Salí de casa. ¿Cuándo se van a dignar a arreglar el ascensor? Bajé las escaleras. Miré a todos lados. La gente seguía corriendo de un lado a otro. Fui tranquila al trabajo, llegaba sobrada de tiempo. Entré a la cocina. Una chica bajita de pelo ensortijado me dio el uniforme. -Puedes cambiarte ahí.- me indicó muy amable. Me miré al espejo que había. Vaya uniforme más horroroso. Me tocaba atender mesas así que me puse a ello. -¿Qué quieren tomar?- dije sacando mi libreta para apuntar. -¿Nueva?- me preguntó una de las chicas. -Si.- respondí algo sonrojada. -Menos mal que cambiaron a la otra chica. No la soportábamos.- dijo riendo. Pidieron y volví para llevárselo. -Por cierto, me llamo Lucía pero me llaman Lulu.- dijo la chica. -Soy Daniela, me llaman Dani.- respondí sonriente. -¿Acabas tarde?- me preguntó. -En media hora.- dije mirando el reloj. -¿Te espero? Así te enseño algo de aquí.- dijo ella. -Perfecto. La media hora que me quedaba me pasó demasiado lenta. Parecía que la manecilla del reloj volvía atrás cada vez que la miraba. Por fin, ya es la hora. Entré en la cocina y me cambié. Salí y allí estaba ella. -Vamos a tomar un helado. -Donde tú digas.- respondí. Salimos y ahí volvía a estar él. -Hola guapa.- dijo guiñándome un ojo. Tan solo reí y seguí caminando. -¿Te lo dijo a ti?- preguntó Lulu extrañada. -Por desgracia...- reí. -¿Por desgracia? Miles de chicas mueren por un piropo suyo.- dijo ella. Puse cara extraña. Seguimos caminando hasta una heladería. Es que me lo encuentro hasta en la sopa. Ahí esta. -¿Me sigues?- dijo Zayn acercándose a nuestra mesa. -Tengo mejores cosas que hacer.- reí yo. Llegó una chica, diferente a las otras dos que había visto con él. Sonó un móvil. -Es el mío.- dijo Lulu sacándoselo del bolso. Una conversación no muy larga. Lulu colgó con cara triste. -¿Te pasa algo?- pregunté tomando una cucharada de mi helado. -Mis padres se han ido y no tengo donde dormir.- dijo algo preocupada. -¿Quieres dormir conmigo?- pregunté. -¿De verdad?- dijo ilusionada. -De tarde no trabajo y sola me aburro.- reí. Nos levantamos y fuimos al supermercado mas cercano. Hicimos una compra enorme. Entramos en el portal. Todas éstas bolsas por las escaleras, nos vamos a morir. Llegamos exhaustas. Colocamos la compra y empezamos a hacer la comida. Macarrones con queso. La música estruendosa de la noche pasaba volvió a sonar. -Este chico es tonto.- dije levantándome. -¿Qué pasa?- preguntó Lulu con la boca repleta de macarrones. -Que solo se le ocurre a Zayn venir a poner música debajo de mi casa.- dije cogiendo la sudadera para bajar. -Vamos a verles.- dijo ella levantándose rápido y poniéndose la chaqueta. Bajamos. Lulu estaba contenta, yo todo lo contrarío. -¿Tú estás tonto?- dije nada más bajar. -¿Otra vez aquí? No pierdes oportunidad para verme.- rió él. -¿Y tu amiga?- preguntó uno de sus amigos. -Demasiado para ti.- respondí. -Es guapa eh.- dijo levantándose y acercándose a ella. Lulu se empezó a sonrojar. -¿Cómo te llamas?- dijo el otro chico. -Lulu, ¿tú?- dijo ésta. -Harry.- respondió él. -¿Os quedáis?- añadió Harry. -Ella no se queda, es demasiado aburrida.- respondió Zayn mientras aspiraba humo de su cigarrillo. -¿Y tú Lulu?- preguntó Harry sentándose y haciéndola un hueco en el escalón. Lulu me miró. Negué con la cabeza. Hizo pucheros. Asentí con la cabeza. Ambas nos sentamos en las escaleras. Yo estaba algo mas apartada. Saqué el móvil. -Cuando estás en compañía, es de mala educación.- dijo Zayn quitándome el móvil. -Dámelo.- dije levantándome para cogerlo. Lo escondió detrás de su espalda. -Dámelo, estoy hablando.- dije poniéndome a su lado. -¿Con quién?- dijo mirándolo. -No te interesa.- respondí intentando cogerlo. -Hugo ¿es tu novio?- preguntó. -¿Qué dices? Es mi hermano pequeño.- respondí cogiendo por fin el móvil. -¿Venís a dar una vuelta?- preguntó Harry poniéndose la chaqueta. -Vale.- respondió Lulu. -Yo me quedo.- respondí subiendo los primeros escalones. Alguien me cogía por la muñeca. -¿Vas a dejar a tu amiga sola? ¿Si le pasa algo?- dijo Zayn. Respiré hondo. Salimos del portal y ahí aparcadas dos motos negras. Lulu se puso un casco. Montó con Harry. En la otra se subió Zayn. Negué con la cabeza. -No me pienso subir ahí.- dije mirándola de lado a lado. -No te vas a matar.- respondió lanzándome un casco. -Por si acaso.- dije devolviéndoselo. -De verdad, no pasa nada.- dijo Lulu que llegaba de dar una vuelta alrededor del edificio. Miré otra vez la moto. Se me hizo un nudo en el estómago. -¿Vienes o no? Nos están esperando unos amigos.- dijo Zayn por última vez. Inspiré hondo. Me puse el casco y subí a la moto. Íbamos a 120. Mi sensación era de ir a la velocidad de la luz. Llegamos a una pequeña pista de skate. Música a tope. Gente bebiendo y fumando. -Este no es mi ambiente.- dije negando con la cabeza. -No muerden.- rió mientras dejaba los cascos encima de la moto. Me quedé parada al lado de la moto. Él se giró. Me cogió de la mano y me llevó hasta sus amigos. Era un momento extraño, le odiaba pero sentí mariposas en el estómago cuando me había cogido la mano. Nada mas llegar, cogió un skate y se puso a patinar. Empecé a hablar con Lulu apoyadas en un bordillo. Miré a un lado y vi que un skate venía hacia mi con gran velocidad. Tan solo me tapé la cabeza con las manos y cerré los ojos. No se como lo hizo pero saltó por encima de mi. -¿Estás bien?- dijo riendo. -Casi me matas del susto.- dije pegándole en broma. -Es tarde, nos vamos.- dije haciéndole un movimiento con la cabeza a Lulu. -Espera, os llevamos.- dijo Zayn dejando el skate y avisando a Harry. Esta vez disfruté mas del viaje, aun aterrada. Llegamos en escasos minutos. Nos dejaron enfrente del portal. Me bajé de la moto y le dí el casco. Le di dos besos para despedirme. Noté que su mano entraba en el bolso de mi sudadera. Miré a Lulu y la vi besándose con Harry. Zayn rió estruendosamente. -Harry nos vamos.- dijo Zayn arrancando de nuevo la moto. Ambos nos guiñaron el ojo y volvieron a la pista. Nosotras subimos a casa. Entramos. Nos sentamos en el sofá y pedimos una pizza. El pizzero no tardó mucho en llegar. Le pagué y volví con la pizza. A comilonas no nos ganaba nadie. En menos de media hora no quedaba pizza. -Creo que me enamoré.- dijo Lulu. -Que tonta eres.- reí con ella. Recordé lo del bolsillo. Miré. Un papel. -Llámame cualquier día.- leí en voz alta. Lulu estaba tan extrañada como yo. Le dí la vuelta. Un número de teléfono. Saqué el móvil y lo apunté. Marqué el número. Un pitido. Otro. Otro más. -¿Sí?- contestaron al otro lado del teléfono. -¿Zayn?- pregunté yo. -No, ¿quien eres?- preguntó la voz. -Una amiga ¿dónde está Zayn?- volví a preguntar. -No puede ponerse, está con su novia. Colgaron. Estaba algo desconcertada. No le di importancia. Guardé el teléfono y seguí hablando con Lulu
2. Want u back
Suspiré despacio. Introduje la llave en la cerradura del portal y entré tirando fuerte de las maletas. Miré la puerta del ascensor. 'Averiado'. Mierda, tengo que subir por las escaleras. Llegué arriba exhausta por tener que cargar con las maletas. Abrí la puerta con delicadeza y entré en el piso. No era grande, lo que me podía permitir trabajando de camarera. Tiré las maletas en medio del pasillo y me tumbé en el sillón. Cogí el teléfono y llamé a mi madre. -Hola mamá, ya he llegado.- dije aún jadeando. -¿Qué tal tu nueva casa?- preguntó ella. -Matadora.- reí. -¿Por qué?- se extrañó. -Porque el ascensor está estropeado y he tenido que subir andando.- respondí. -Bueno me tengo que ir con tu hermano a su partido de fútbol.- me dijo ella. -Deseale suerte.- respondí. Ambas colgamos. Me incorporé y miré a mi alrededor. Manos a la obra. Quité las maletas del pasillo y las metí en mi cuarto. La hora de comer llegó enseguida así que decidí coger algo de la nevera en vez de prepararme algo. Me volví a tumbar en el sofá. Saqué el móvil. Aún son las tres, pensé. Cogí mi chaqueta colgada en el respaldo de la silla y salí. La tarde se me pasó volada. Llegaba tarde a hacer skype con mi mejor amigo así que decidí tomar un pequeño atajo. Estaba oscuro. Decidí pasar rápido porque aquello me daba algo de miedo. Noté que un grupo de personas me seguía. Mi paso no cesaba, todo lo contrario, iba más rápido cada vez. De pronto me encontré con un obstáculo que obstruía mi paso. Me puse demasiado nerviosa y no supe reaccionar. -Vaya, vaya, ¿quién nos visita hoy?- dijo un chico moreno tirando una colilla al suelo. -¿Has visto que chica?- preguntó uno de sus amigos. -¿Nunca te han dicho que por aquí no se anda sola?- me preguntó él. Yo todavía no le había mirado a la cara así que el no conocía mi rostro. -Soy nueva aquí.- dije levantando la cabeza. Él se quedó quieto mirándome. -Iros, ésta es mía.- respondió él haciendo un pequeño gesto con la cabeza. -¿Tuya? No soy de nadie y menos de alguien con menos cerebro que un mosquito.- respondí cruzándome de brazos. -Valiente ¿no?- preguntó él mientras le daba una calada al cigarrillo. -Demasiado para lo que acostumbras a ver ¿verdad?- respondí. Rió y expulsó el humo en mi cara. -¿Estás tonto?- dije tosiendo un poco. Llegó una chica no muy alta pero lo parecía debido a esos tremendos tacones que llevaba. Ambos se besaron. -Chico malo ¿me puedo ir?- pregunté intentando apartarle. -Me gusta más que me llamen Zayn.- respondió él riendo. -Tranquilo, me tomaré las molestias de ni llamarte.- dije apartándole a un lado. Eché a correr porque llegaba tarde. Entré en casa y suspiré. Cogí el ordenador. Ya lo había dejado preparado. Está conectada, perfecto. -Perdón por tardar.- dije mientras me ponía una manta por los hombros. -¿Estás sudando?- preguntó con expresión graciosa. -He tenido que venir corriendo.- reí mientras encendía la televisión. La conversación no cesaba. -Tengo que irme, mis padres me llaman.- dijo ella despidiéndose con la mano. Cerré el portátil. Un gran estruendo sonaba en el portal así que decidí bajar para ver lo que sucedía. Ahí estaba él. Con su brazo en el hombro de otra chica. -¿Podéis para de hacer ruido?- dije en el primer descansillo. -¿Por qué estás aquí?- preguntó él dándose la vuelta. -Quizá porque vivo aquí. No sé, no me hagas mucho caso.- dije poniendo una sonrisa notablemente falsa. -Que aburrida eres.- dijo riéndose. -Hay gente que trabaja ¿sabes?- dije guiñándole un ojo. -Pues eso, como no paréis de hacer ruido, llamo a la policía.- dije subiendo de nuevo a mi piso. Oía pasos detrás de mi. Será algún vecino. Entré en casa y cerré la puerta. -Muy acogedor esto.- dijo una voz. -¿Qué haces aquí? Largo.- dije abriendo de nuevo la puerta. -Que mal tratas a tus invitados.- dijo riendo. No hablé. Tan solo le empujé fuera. Estaba demasiado cansada como para discutir. Fui a mi cuarto. Mierda, no me había acordado de poner las sábanas. Me puse a ello. Cuando miré el reloj eran casi las doce. Sin dudarlo me tumbé en la cama. La música no cesaba. Vuelta a un lado. Al otro. Boca arriba. Boca abajo. No encontraba postura. Decidí levantarme y poner la televisión. Se me olvidó cenar. No tenía mas que hacer, me puse a ello. Miré en el frigorífico. Vacío. Abrí un armario. Unas galletas. Las comí. Ya no se oía música. Me volví a la cama. Escasos segundos después, la música volvió. Es que yo los mato, son uno estúpidos. Vuelta para aquí. Vuelta para allí. No hay quien duerma aquí.
martes, 29 de enero de 2013
1. Moments
Llega un momento de tu vida en el que decides pararte a contemplar lo que te rodea. Ves a personas que jamás habías visto pero que eran tus vecinos desde hace mas de diez años. Observas lugares donde te vienen a la cabeza miles de recuerdos jugando en los columpios cuando apenas habías empezado a andar sin la ayuda de nadie. Contemplas a la gente a tu al rededor que va casi corriendo de un lado a otro porque llegan tarde o quizá porque su vida es demasiado ajetreada como para pararse pero la tuya no, te paras y disfrutas de lo que nunca has podido. Esperaba ese día con gran entusiasmo. Ese día que desde primaria había soñado que llegase. Ese día en el que el director del colegio me entregaba un simple papel que aun que no le viese gran importancia, servía de mucho. Pero cuando era pequeña no me daba cuenta de una cosa muy simple que por mucho que fuese libre no estaría completamente feliz porque me faltaban ellos. Esas personas por las cuales acudía todo los días a clase; mis amigos. Tampoco me daba cuenta que para trabajar me tenía que ir lejos y ya no vería día a día a esas personas que me dieron las cosas mas importantes de mi vida. Mi madre que cada mañana me despertaba con su dulce voz y me ayudaba cuando tenía algún problema. Mi padre que aun que pareciese un señor muy correcto, era el único que me hacía reír. Mi hermano que sin él nunca hubiese experimentado esa sensación de ser castigada por no romper algo pero aún así ser culpada igualmente o simplemente, cuando era más joven, no hubiese tenido un compañero de juegos con el que inventarme miles de historias mientras nos peleábamos por ver quien era mas ágil saltando del columpio. Bajé a la cocina con un chándal corto, muy viejo y lleno de agujeros que mi madre me había querido tirar hace tiempo pero nunca lo hizo porque era muy importante para mi, con él había logrado ganar el campeonato nacional de baloncesto con mi equipo cuando apenas tenía 9 años. Cada noche, antes de dormir, miraba esa foto donde salíamos todas con el trofeo en alto empapadas en sudor pero había merecido la pena. -¿Todavía estás así?- dijo mi madre exaltada. -Al menos déjame desayunar ¿no?- reí sentándome en la encimera y cogiendo un bollo. De pronto llegó mi hermano con un sobre entre las manos y aun que nada más entrar en la cocina lo escondió detrás de la espalda, todos nos dimos cuenta de que traía algo. -Esto es para ti.- dijo él entregándome el sobre. -¿Y esto?- pregunté algo extrañada. -Como hoy es tu graduación y te vas... me gustaría que tuvieses un recuerdo mío.- dijo él mirando al suelo. Mis ojos empezaron a empaparse por las lágrimas y me bajé de la encimera para abrazarle. -¿Puedo leerlo en voz alta?- pregunté teniendo el papel escrito en mis manos, fuera del sobre. -Claro, lelo.- respondió él sentándose a mi lado en la encimera. -Querida Dani, hoy es el día de tu graduación y te vas a una nueva casa.- empecé leyendo. -Siempre te dije que deseaba de todo corazón que llegase este día pero es mentira. Ahora que estamos a pocas horas de que te vayas me doy cuenta de que estos 11 años que pasé a tu lado fueron los mejores. Así que cuando te vayas a tu nueva casa, espero que entres en tu cuarto y pongas esta carta en el corcho para que cada día, cuando te levantes, la veas. Mi vida hubiese sido muy aburrida sin ti porque tú me enseñaste a montar en bici; tú me enseñaste a columpiarme sin que nadie me empujase por detrás; tú me enseñaste que si haces muchas volteretas seguidas te mareas... tú me enseñaste muchas cosas así que cuando tengas hijos espero ser yo el que les enseñe todas estas cosas. Te quiero Dani.- terminé de leer con los ojos empapados en lágrimas. Miré a mi hermano y él se sonrojó. -¿Te gusta?- preguntó algo avergonzado. No pude responder, tan solo rompí a llorar y le abracé. -Vamos Dani, date prisa si no llegarás tarde.- dijo mi madre dándome el vestido para cambiarme. Mi hermano y yo subimos a mi cuarto. Me puse detrás del biombo y empecé a cambiarme. -¿Vendrás algún día a verme a mi nueva casa?- pregunté mientras me ponía el vestido. -Claro que si, convenceré a mamá para que me lleve todos los domingos por la mañana.- respondió él dándome los zapatos. Salí de detrás del biombo. Me acerqué al tocador y empecé a maquillarme. Mi hermano había ido a cambiarse así que estaba sola. Encendí el móvil y puse la música para estar más animada. Comencé a tararear la canción que sonaba mientras iba de un lado a otro de la habitación en busca de diferentes cosas para maquillarme. -¡Baja ya o llegaremos tarde!- gritó mi madre desde la entrada. Cogí la chaqueta y bajé lo mas rápido que pude. Cuando me presenté delante de ellos, a mi padre se le escapó una lágrima que intentó secar. Demasiado tarde, yo ya la había visto así que le di un beso en la mejilla y me puse la chaqueta. Los cuatro montamos en el coche para ir al instituto. -¿Te das cuenta de que esta es la última vez que pisarás esto?- dijo mi madre cuando íbamos de camino al gimnasio donde se oficiaría la ceremonia. Un nudo se apoderó de mi garganta. Entré en el gimnasio y al lado de las gradas me esperaban mis amigos. Corrí hacia ellos pero especialmente hacia una de ellas, mi mejor amiga desde el parvulario. -Dani, estás guapísima.- dijo ella separándose de mi y mirándome de arriba abajo. -Tú si que estás guapísima.- dije abrazándola de nuevo. Mis amigos y yo comenzamos a hablar. Escasos segundos después el director nos mandó sentarnos para empezar la ceremonia. Mi corazón latía fuerte. Tenía la sensación que de un momento a otro se me saldría del pecho. Un cumulo de sensaciones se apoderaban de mi estómago: nervios, tristeza, alegría... El director comenzó a nombrar a alumnos para que subiesen a recoger su diploma. A medida que la lista se acercaba a mi nombre, mi corazón latía más y más rápido. El momento llegó. Lo único que se me pasó por la cabeza fue sonreír y subir rápido para pasar el mal rato lo mas rápido posible. Me subí al escenario y miré a mi alrededor. Mi madre lloraba desconsoladamente mientras que mi hermano y mi padre me aplaudían sin cesar. Bajé del escenario y suspiré hondo. 'Ya pasó todo' pensé.
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