jueves, 31 de enero de 2013
2. Want u back
Suspiré despacio. Introduje la llave en la cerradura del portal y entré tirando fuerte de las maletas. Miré la puerta del ascensor. 'Averiado'. Mierda, tengo que subir por las escaleras. Llegué arriba exhausta por tener que cargar con las maletas. Abrí la puerta con delicadeza y entré en el piso. No era grande, lo que me podía permitir trabajando de camarera. Tiré las maletas en medio del pasillo y me tumbé en el sillón. Cogí el teléfono y llamé a mi madre. -Hola mamá, ya he llegado.- dije aún jadeando. -¿Qué tal tu nueva casa?- preguntó ella. -Matadora.- reí. -¿Por qué?- se extrañó. -Porque el ascensor está estropeado y he tenido que subir andando.- respondí. -Bueno me tengo que ir con tu hermano a su partido de fútbol.- me dijo ella. -Deseale suerte.- respondí. Ambas colgamos. Me incorporé y miré a mi alrededor. Manos a la obra. Quité las maletas del pasillo y las metí en mi cuarto. La hora de comer llegó enseguida así que decidí coger algo de la nevera en vez de prepararme algo. Me volví a tumbar en el sofá. Saqué el móvil. Aún son las tres, pensé. Cogí mi chaqueta colgada en el respaldo de la silla y salí. La tarde se me pasó volada. Llegaba tarde a hacer skype con mi mejor amigo así que decidí tomar un pequeño atajo. Estaba oscuro. Decidí pasar rápido porque aquello me daba algo de miedo. Noté que un grupo de personas me seguía. Mi paso no cesaba, todo lo contrario, iba más rápido cada vez. De pronto me encontré con un obstáculo que obstruía mi paso. Me puse demasiado nerviosa y no supe reaccionar. -Vaya, vaya, ¿quién nos visita hoy?- dijo un chico moreno tirando una colilla al suelo. -¿Has visto que chica?- preguntó uno de sus amigos. -¿Nunca te han dicho que por aquí no se anda sola?- me preguntó él. Yo todavía no le había mirado a la cara así que el no conocía mi rostro. -Soy nueva aquí.- dije levantando la cabeza. Él se quedó quieto mirándome. -Iros, ésta es mía.- respondió él haciendo un pequeño gesto con la cabeza. -¿Tuya? No soy de nadie y menos de alguien con menos cerebro que un mosquito.- respondí cruzándome de brazos. -Valiente ¿no?- preguntó él mientras le daba una calada al cigarrillo. -Demasiado para lo que acostumbras a ver ¿verdad?- respondí. Rió y expulsó el humo en mi cara. -¿Estás tonto?- dije tosiendo un poco. Llegó una chica no muy alta pero lo parecía debido a esos tremendos tacones que llevaba. Ambos se besaron. -Chico malo ¿me puedo ir?- pregunté intentando apartarle. -Me gusta más que me llamen Zayn.- respondió él riendo. -Tranquilo, me tomaré las molestias de ni llamarte.- dije apartándole a un lado. Eché a correr porque llegaba tarde. Entré en casa y suspiré. Cogí el ordenador. Ya lo había dejado preparado. Está conectada, perfecto. -Perdón por tardar.- dije mientras me ponía una manta por los hombros. -¿Estás sudando?- preguntó con expresión graciosa. -He tenido que venir corriendo.- reí mientras encendía la televisión. La conversación no cesaba. -Tengo que irme, mis padres me llaman.- dijo ella despidiéndose con la mano. Cerré el portátil. Un gran estruendo sonaba en el portal así que decidí bajar para ver lo que sucedía. Ahí estaba él. Con su brazo en el hombro de otra chica. -¿Podéis para de hacer ruido?- dije en el primer descansillo. -¿Por qué estás aquí?- preguntó él dándose la vuelta. -Quizá porque vivo aquí. No sé, no me hagas mucho caso.- dije poniendo una sonrisa notablemente falsa. -Que aburrida eres.- dijo riéndose. -Hay gente que trabaja ¿sabes?- dije guiñándole un ojo. -Pues eso, como no paréis de hacer ruido, llamo a la policía.- dije subiendo de nuevo a mi piso. Oía pasos detrás de mi. Será algún vecino. Entré en casa y cerré la puerta. -Muy acogedor esto.- dijo una voz. -¿Qué haces aquí? Largo.- dije abriendo de nuevo la puerta. -Que mal tratas a tus invitados.- dijo riendo. No hablé. Tan solo le empujé fuera. Estaba demasiado cansada como para discutir. Fui a mi cuarto. Mierda, no me había acordado de poner las sábanas. Me puse a ello. Cuando miré el reloj eran casi las doce. Sin dudarlo me tumbé en la cama. La música no cesaba. Vuelta a un lado. Al otro. Boca arriba. Boca abajo. No encontraba postura. Decidí levantarme y poner la televisión. Se me olvidó cenar. No tenía mas que hacer, me puse a ello. Miré en el frigorífico. Vacío. Abrí un armario. Unas galletas. Las comí. Ya no se oía música. Me volví a la cama. Escasos segundos después, la música volvió. Es que yo los mato, son uno estúpidos. Vuelta para aquí. Vuelta para allí. No hay quien duerma aquí.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario