martes, 29 de enero de 2013

1. Moments

Llega un momento de tu vida en el que decides pararte a contemplar lo que te rodea. Ves a personas que jamás habías visto pero que eran tus vecinos desde hace mas de diez años. Observas lugares donde te vienen a la cabeza miles de recuerdos jugando en los columpios cuando apenas habías empezado a andar sin la ayuda de nadie. Contemplas a la gente a tu al rededor que va casi corriendo de un lado a otro porque llegan tarde o quizá porque su vida es demasiado ajetreada como para pararse pero la tuya no, te paras y disfrutas de lo que nunca has podido. Esperaba ese día con gran entusiasmo. Ese día que desde primaria había soñado que llegase. Ese día en el que el director del colegio me entregaba un simple papel que aun que no le viese gran importancia, servía de mucho. Pero cuando era pequeña no me daba cuenta de una cosa muy simple que por mucho que fuese libre no estaría completamente feliz porque me faltaban ellos. Esas personas por las cuales acudía todo los días a clase; mis amigos. Tampoco me daba cuenta que para trabajar me tenía que ir lejos y ya no vería día a día a esas personas que me dieron las cosas mas importantes de mi vida. Mi madre que cada mañana me despertaba con su dulce voz y me ayudaba cuando tenía algún problema. Mi padre que aun que pareciese un señor muy correcto, era el único que me hacía reír. Mi hermano que sin él nunca hubiese experimentado esa sensación de ser castigada por no romper algo pero aún así ser culpada igualmente o simplemente, cuando era más joven, no hubiese tenido un compañero de juegos con el que inventarme miles de historias mientras nos peleábamos por ver quien era mas ágil saltando del columpio. Bajé a la cocina con un chándal corto, muy viejo y lleno de agujeros que mi madre me había querido tirar hace tiempo pero nunca lo hizo porque era muy importante para mi, con él había logrado ganar el campeonato nacional de baloncesto con mi equipo cuando apenas tenía 9 años. Cada noche, antes de dormir, miraba esa foto donde salíamos todas con el trofeo en alto empapadas en sudor pero había merecido la pena. -¿Todavía estás así?- dijo mi madre exaltada. -Al menos déjame desayunar ¿no?- reí sentándome en la encimera y cogiendo un bollo. De pronto llegó mi hermano con un sobre entre las manos y aun que nada más entrar en la cocina lo escondió detrás de la espalda, todos nos dimos cuenta de que traía algo. -Esto es para ti.- dijo él entregándome el sobre. -¿Y esto?- pregunté algo extrañada. -Como hoy es tu graduación y te vas... me gustaría que tuvieses un recuerdo mío.- dijo él mirando al suelo. Mis ojos empezaron a empaparse por las lágrimas y me bajé de la encimera para abrazarle. -¿Puedo leerlo en voz alta?- pregunté teniendo el papel escrito en mis manos, fuera del sobre. -Claro, lelo.- respondió él sentándose a mi lado en la encimera. -Querida Dani, hoy es el día de tu graduación y te vas a una nueva casa.- empecé leyendo. -Siempre te dije que deseaba de todo corazón que llegase este día pero es mentira. Ahora que estamos a pocas horas de que te vayas me doy cuenta de que estos 11 años que pasé a tu lado fueron los mejores. Así que cuando te vayas a tu nueva casa, espero que entres en tu cuarto y pongas esta carta en el corcho para que cada día, cuando te levantes, la veas. Mi vida hubiese sido muy aburrida sin ti porque tú me enseñaste a montar en bici; tú me enseñaste a columpiarme sin que nadie me empujase por detrás; tú me enseñaste que si haces muchas volteretas seguidas te mareas... tú me enseñaste muchas cosas así que cuando tengas hijos espero ser yo el que les enseñe todas estas cosas. Te quiero Dani.- terminé de leer con los ojos empapados en lágrimas. Miré a mi hermano y él se sonrojó. -¿Te gusta?- preguntó algo avergonzado. No pude responder, tan solo rompí a llorar y le abracé. -Vamos Dani, date prisa si no llegarás tarde.- dijo mi madre dándome el vestido para cambiarme. Mi hermano y yo subimos a mi cuarto. Me puse detrás del biombo y empecé a cambiarme. -¿Vendrás algún día a verme a mi nueva casa?- pregunté mientras me ponía el vestido. -Claro que si, convenceré a mamá para que me lleve todos los domingos por la mañana.- respondió él dándome los zapatos. Salí de detrás del biombo. Me acerqué al tocador y empecé a maquillarme. Mi hermano había ido a cambiarse así que estaba sola. Encendí el móvil y puse la música para estar más animada. Comencé a tararear la canción que sonaba mientras iba de un lado a otro de la habitación en busca de diferentes cosas para maquillarme. -¡Baja ya o llegaremos tarde!- gritó mi madre desde la entrada. Cogí la chaqueta y bajé lo mas rápido que pude. Cuando me presenté delante de ellos, a mi padre se le escapó una lágrima que intentó secar. Demasiado tarde, yo ya la había visto así que le di un beso en la mejilla y me puse la chaqueta. Los cuatro montamos en el coche para ir al instituto. -¿Te das cuenta de que esta es la última vez que pisarás esto?- dijo mi madre cuando íbamos de camino al gimnasio donde se oficiaría la ceremonia. Un nudo se apoderó de mi garganta. Entré en el gimnasio y al lado de las gradas me esperaban mis amigos. Corrí hacia ellos pero especialmente hacia una de ellas, mi mejor amiga desde el parvulario. -Dani, estás guapísima.- dijo ella separándose de mi y mirándome de arriba abajo. -Tú si que estás guapísima.- dije abrazándola de nuevo. Mis amigos y yo comenzamos a hablar. Escasos segundos después el director nos mandó sentarnos para empezar la ceremonia. Mi corazón latía fuerte. Tenía la sensación que de un momento a otro se me saldría del pecho. Un cumulo de sensaciones se apoderaban de mi estómago: nervios, tristeza, alegría... El director comenzó a nombrar a alumnos para que subiesen a recoger su diploma. A medida que la lista se acercaba a mi nombre, mi corazón latía más y más rápido. El momento llegó. Lo único que se me pasó por la cabeza fue sonreír y subir rápido para pasar el mal rato lo mas rápido posible. Me subí al escenario y miré a mi alrededor. Mi madre lloraba desconsoladamente mientras que mi hermano y mi padre me aplaudían sin cesar. Bajé del escenario y suspiré hondo. 'Ya pasó todo' pensé. 

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