jueves, 14 de febrero de 2013
11. Que no te vaya bonito, que te vaya de muerte
Esos paseos matutinos, como los echaba de menos. Pasear por esas callejuelas de piedra. Ver a señoras paseando sus perros o de la mano con sus maridos. Respirar hondo y no tener humo en mis pulmones. Eso si era vida. Desde pequeña soñaba con irme allí a vivir cuando tuviese una familia. Me senté en un pequeño banco de piedra a contemplar el mar. Como las olas rompían contra grandes rocas. El viento echaba mi pelo hacia atrás. -Bonito ¿verdad?- dijeron detrás de mi. -Hermoso.- respondí sin apartar la vista. Se sentó a mi lado. Su mano se posó encima de la mía. No me molesté en apartarla. Le miré. Mis ojos estaban casi cerrados por culpa del viento. -¿Por qué Zayn?- pregunté volviendo la mirada hacia el mar. -¿Qué?- preguntó extrañado. -¿Por qué juegas de esa manera conmigo? ¿Por qué cuando estoy apunto de olvidarte vuelves a mi vida? ¿Por qué te vas sin dar explicaciones?- dije con un nudo en la garganta. -Lo siento pero...- comenzó. -No quiero mas 'lo siento', no quiero mas excusas. El nudo en la garganta cada vez era mas grande. -¿Qué quieres entonces?- preguntó. -Que pongas las cartas sobre la mesa de una vez, que me digas lo que realmente sientes.- dije con valentía. -¿Quieres que me sincere? Ahí va.- comenzó diciendo. -Desde aquel día hace casi dos años que nos encontramos en la calle no he podido sacarte de la cabeza. Iba a tu portal a hacer ruido para que bajases y poder verte. Cuando te tenía entre mis brazos sentía que estaba en el cielo. He estado con millones de chicas pero ninguna nunca como tú. Eres muy especial.- continuó. -Entonces ¿por qué te fuiste?- pregunté con lágrimas en los ojos. -Me fui porque dijiste que así serías feliz. Cuando te vi con él, te vi con un brillo en la mirada que nunca antes había contemplado.- dijo secándomelas. El nudo se apoderaba de toda mi garganta y parte del estómago. Me abrazó. Lo mejor que pudo hacer en ese momento. Era lo que más necesitaba. Apartó el pelo de mi frente y me besó en ella. Adoraba sus besos. Añoraba tanto esos momentos a su lado. Me sequé las últimas lágrimas. Me puse en pie. Empecé a caminar alejándome de Zayn que aún seguía sentado en el banco. Trataba de sacarle de mi cabeza. De convencerme de que no me convenía. Pero era imposible. Llegué a casa con los ojos aún empapados. -¿Qué te pasa?- me preguntó Jake muy preocupado. Me sequé las lágrimas. -He estado recordando los momentos que viví aquí cuando era pequeña, nada más.- respondí abrazándole. Subí a mi habitación. Me puse el pantalón viejo de baloncesto y su camiseta. Bajé de nuevo. Jake estaba sentado en el sillón. Con un bol de palomitas. Esperándome para ver una película. Estábamos indecisos. Al final nos decidimos por 'Titanic'. Era mi película favorita. No había vez que no llorase con ella. La película acabó y como de costumbre, yo había gastado mas de tres paquetes de pañuelos. Todo aquello me había hecho reflexionar sobre mi vida. Salí a dar un paseo para despejarme las ideas. Pasé al lado de la fuente del pueblo. Me senté en uno de los bancos que la rodeaban para observar a los pájaros. Una señora de elevada edad se sentó a mi lado. -Mira como pelean por lo que quieren.- dijo mientras les tiraba migas de pan. -Eso deberíamos hacer todos.- murmuré. -¿Por qué dices eso guapa?- me preguntó guardando las migas en una pequeña bolsa. -Lo siento, no quería molestarla.- dije respondí algo sonrojada. -No me molestas, cuéntame.- dijo levantando sus gafas. Miré hacia el suelo. -Puede que me vea como una niña aún pero tengo algún problema amoroso.- comencé. -Todas hemos tenido esos problemas.- respondió ella. -Lo que pasa es que tengo dos chicos, uno de ellos se porta fenomenal conmigo, puede darme la vida que me merezco pero yo quiero mas al otro que aun que no me pueda dar la vida que me merezco, es el mejor de todos. Pero éste último es el típico chico que no tiene normas, que la ley le da igual.- continué. -Piensa en esto, ¿qué es mejor para ti: la vida que quieres o la que mereces?- me preguntó. -La que quiero.- respondí con tono de seguridad. -Cierra los ojos, imagínate tu futuro, ¿con quién te ves?- preguntó de nuevo. Cerré los ojos por un instante. En mis pensamientos tocaban a la puerta. Yo iba a abrir. Estaba algo borroso pero pude distinguir a un chico entrando en casa. Las voces se oían con eco pero pude escuchar a unos niños diciendo papá. Intenté imaginar mejor. Ya podía verle la cara al chico. Era Zayn. -Con el segundo.- respondí aún con los ojos cerrados. -No siempre la vida que mereces es la que quieres. A veces la que quieres tienes que trabajarla más.- dijo la señora. Tenía toda la razón. -Mira, mi marido y yo estuvimos casados durante mas de 50 años. Él no tenía apenas dinero. Yo tampoco era rica. Muchas personas decían que nuestra relación no saldría adelante. Que cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana. Pero supimos ser fuertes y seguimos adelante hasta hace unos años que él falleció.- me contó la señora con lágrimas en los ojos. Yo la abracé. -Muchas gracias por todo.- dije soltándola. -No tienes porque darlas.- dijo ella sonriendo. -Mañana me paso por su casa para llevarla unas pastas que hice por la mañana.- dije dándola dos besos. -Te espero con un té.- dijo levantándose y yéndose. De vuelta a casa cogí un recorrido mas largo. Para poder pensar todo lo que la señora me había dicho.
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