lunes, 11 de febrero de 2013
8. Red
Mi turno en la cafetería comenzaba de nuevo después de un año sabático. No estaba acostumbrada a madrugar. Me levanté adormilada. Me vestí. Fui a la cocina. Tomé un yogur. Salí del piso. Miré de un lado y al otro. La gente seguía corriendo para llegar a los sitios. Yo iba con mi paso lento. Disfrutando del paisaje. Llegué a la cafetería. -Bienvenida de nuevo Dani.- dijo el jefe dándome dos besos. -Muchas gracias señor.- respondí. -¿Qué tal mi sobrino?- rió él. Mi cara era todo un poema. Él tan solo me dio el uniforme nuevo y se fue. Me miré al espejo. Por fin me hizo caso y cambió el uniforme. Me puse tras la barra. Esta vez estaba lleno. No daba a basto con tanto pedido. De un lado a otro. Varias veces me confundí de mesa. Llegó mi hora de comer. Menos mal. Entré en la cocina. Empecé a comer. Sonó mi teléfono. -¿Quién?- pregunté. -Hola cariño.- respondió Jake. -¿Qué tal tu primer día de trabajo?- continuó. -Muy bien, agotador.- reí. -De tarde tengo partido de baloncesto, ¿me vienes a ver?- preguntó él. -Claro ¿a que hora es?- dije dándole un bocado a la hamburguesa. -Te paso a buscar cuando salgas.- respondió. -Perfecto.- dije. -Me tengo que ir a entrenar. Ambos colgamos a la vez. Volví a mi puesto de trabajo. No paraba quieta. Todo el rato de aquí para allá. Acabé mi turno exhausta. El Land Rover estaba aparcado en la puerta. Subí. Jake me dio un beso. Condujo hasta el gimnasio donde jugaría. Me senté en las gradas al lado de las demás novias. Algunas eran muy repelentes. Me llevaba muy bien con una en especial, Alice. Era muy simpática. Todos los partidos me sentaba a su lado para comentarlo. Todas nos levantamos y aplaudimos eufóricas cuando el partido comenzó. El partido estuvo muy reñido. Últimos segundos. El balón en manos de Jake en la línea de triple. Miró a un lado- Al otro. Vio a Ricki completamente solo. No lo dudó un segundo. Se la pasó. Las temblorosas manos de Ricki tiraron el balón hacia canasta. No se oía nada en todo el gimnasio. Un estruendoso aplauso rompió el silencio cuando el balón se introdujo por la canasta. La bocina que indicaba el final del partido sonó. Todos nos levantamos de nuestros asientos para felicitar al equipo. Bajé corriendo a darle un gran beso a Jake. -Gracias capitán.- dijo Ricki dándole la mano a Jake. Jake tan solo le guiñó el ojo. Me besó. Fue al vestuario. Yo le esperaba al lado del coche. Mi teléfono sonó. -¿Quién?- pregunté. -Princesa.- dijo la voz al otro lado. No me lo podía creer. No podía ser él. -¿Si...?- dije titubeando. -Tenía unas ganas enormes de oír tu voz.- dijo Zayn. -¿Qué tal todo?- dije muy contenta de poder hablar con él. -Perfectamente, ¿tú?- preguntó él. -De maravilla.- respondí. Miré a la puerta del gimnasio. Jake estaba saliendo. -¿Te llamo de noche?- dije despidiéndome. -Espero tu llamada. Ambos colgamos. Di un beso a Jake. Montamos en el coche. -Ahora toca la fiesta de victoria.- dijo arrancando el coche. Sonreí. -Por cierto, Lulu me aconsejó para que te pusieses esto.- dijo dándome una bolsa. Miré lo que había dentro. El vestido que Zayn me había regalado por mi cumpleaños. Unos zapatos dorados a juego. Una lágrima recorrió mi mejilla. -¿Pasa algo?- preguntó. -Lulu es la mejor.- dije secándome la lágrima. Arrancó. Llegamos a un pequeño local. Todos los coches de los jugadores estaban allí aparcados. Nos sentamos en una mesa. Un señor salió a un pequeño escenario que había en la parte delantera. -Chicos y chicas, gracias a todos por venir. Ahora me gustaría empezar por la entrega de premios.- comenzó diciendo. -El premio para el mejor jugador es para... JAKE. Voces, silbidos y aplausos. Jake se levantó y fue a recoger el premio. La ceremonia acabó pronto. Nada más terminar, empezó el baile. Ver a los chicos del equipo bailar era todo un espectáculo. Cada uno era peor que el anterior. Fui un segundo al baño. Miré el teléfono. -Esta noche estás preciosa. Me encanta como te queda el vestido que te regalé.- leí en voz alta. Estaba algo asustada. Respondí. Mi teléfono sonó. Lo cogí. -¿Cómo sabes lo de mi vestido?- pregunté asustada. -Tranquila, hoy te he visto.- rió Zayn. -¿Dónde estás? Quiero verte.- respondí. -Todavía no soy lo suficientemente fuerte como para pedirte perdón.- dijo él. -Necesito verte, de verdad.- dije a punto de llorar. -No llores, pronto me vas a ver.- dijo Zayn colgando. Un nudo se apoderó de todo mi ser. Necesitaba verle. Darle un beso. Decirle todo lo que sentía. Me miré al espejo. Practiqué una sonrisa. Salí del baño. Jake me esperaba fuera. -¿Vamos a casa?- preguntó. Asentí. Nos despedimos. Subí a mi piso. Cogí la carta que Lulu me había dado. La leí. La releí varias veces. Cada vez me sacaba una sonrisa. Me tumbé en la cama. Tenía puesta su camiseta. Su colgante. A mi lado, su frasco de colonia. Sonó mi teléfono. Lo cogí ansiosa. -Buenas noches. Era de Jake. No me molesté ni en contestar. Volvió a sonar. -En un mes, a partir de hoy, nos vemos. Esta vez era de Zayn. Mi rostro dibujo una gran sonrisa. La mas grande del mundo. Sonó de nuevo. -La tarde de este mismo día del mes que viene, será para nosotros. No podía contenerme. Empecé a saltar en la cama. A dar gritos. A bailar como una loca. Hasta que me caí rendida en la cama.
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