jueves, 14 de febrero de 2013

12. Young wild and free

Me levanté veloz como el rayo. Metí algunas pastas en una caja y salí corriendo hacia la casa de la señora. Estuve un buen rato buscándola. No me había dado su dirección. Después de preguntar a varias personas, encontré su casa. Una ambulancia estaba aparcada delante. Me extrañé. Entré en la casa. Un señor estaba cerrando una bolsa enorme. Las pastas que estaban en mis manos cayeron al suelo. No podía creerlo. Un señor se acercó a mi. -Creo que esto es para usted, señorita.- dijo dándome un sobre. Lo miré. -Dénselo a una chica, va a venir a visitarme.- leí en un susurro. Lo abrí. -Sabría que vendrías a verme. ¿Me has hecho caso con eso de tu chico? Espero que todo lo que te dije te haya servido de algo. Eres la única persona con la que hablé desde que mi marido falleció. Cuando él aún vivía, todo el rato me decía que tenía que dedicarme a eso de dar consejos que se me daba muy bien y además siempre acertaba. Espero haberlo hecho también contigo.- leí con el último hilo de voz que me quedaba. Cada vez tenía menos fuerza en el cuerpo. Recogí las pastas y volví a casa. Durante todo el camino cogí fuerzas para decirle a Jake todo. Que el amor de mi vida era Zayn. Que por muchos momentos que hubiésemos pasado juntos, los que había pasado con él no tenían comparación. Que sentía mucho romperle el corazón. Que ojalá pudiese encontrar a alguien que le amase de verdad. Llegué a la puerta. Suspiré hondo. Entré en casa. Le vi de frente. No pude decírselo. Mis fuerzas se habían desvanecido. -Vamos a dar una vuelta ¿te vienes?- me preguntó Jake. -Me siento algo mal. Ir vosotros.- dije dándole un beso. -¿Quieres que me quede?- preguntó acariciándome la mejilla. -No. Sal y pásalo bien por mi. Me despedí de él y subí a mi cuarto. Me aseguré de que no quedaba nadie en la casa. Saqué la maleta de debajo de la cama. Empecé a llenarla con toda mi ropa. Ya no quedaba nada mío en aquella casa. Escribí una carta para despedirme. Sólo para Lulu. -Lulu, puede parecer una locura pero me voy con Zayn. No sé a donde, ni cuando volveré pero sé que si voy con él es para estar feliz. No me llames, ya lo haré yo cuando lo vea conveniente. Dile a Jake que le quiero pero que se merece a alguien mejor. En cuanto pueda volveré para contártelo todo. Te quiero mucho.- leí por última vez. La metí debajo de su almohada. Bajé como pude las escaleras con la maleta en la mano y salí de casa. Llegué a su casa. Me abrió Zayn. Le besé. Él casi no pudo reaccionar. -Coge tus cosas, nos vamos.- dije señalando mi maleta. -¿Estás loca?- me preguntó riendo. -Quizá. Le besé de nuevo. Escasos minutos después estábamos montados en su coche camino a ninguna parte. -¿A dónde vamos?- preguntó. -A donde la vida nos lleve.- reí. Paramos en una cafetería para comer algo. -¿A qué vino todo esto?- preguntó Zayn dándole un mordisco a su bocadillo. -Una señora me dijo que luchara por mis sueños y tenía toda la razón. Ahora es lo que estoy haciendo.- dije dándole un beso. -¿Te has despedido de ellos?- preguntó. -Solo de Lulu.- respondí. -¿Y el mono?- preguntó riendo. -Que le den.- reí. Montamos de nuevo en el coche. Saqué el móvil. Mañana la llamo. Lo guardé de nuevo. Después de tres horas de viaje paramos en un hotel para dormir. Subimos a nuestra habitación. Zayn estaba tumbado en la cama. Mi cabeza sobre su pecho desnudo. Me puse encima de él. Sonreímos cómplices. Me quité la camiseta. Mis besos recorrían todo su cuello. Se puso encima mío. Me quitó los pantalones en un abrir y cerrar de ojos. Los suyos tampoco tardaron mucho en desaparecer. Zayn levantó una ceja. Una sonora carcajada salió de entre mis labios. Me besó apasionadamente. Sus besos pasaron hasta el lóbulo de mi oreja. -Cuando quieras.- le susurré al oído. Empecé a notar como entraba en mi lentamente. Un gemido hizo que el silencio de la habitación se rompiese. Mordí mi labio inferior para que no se escapasen mas gemidos de mi boca. Cada vez le sentía mas y mas rápido dentro de mi. Llegamos al momento clave. Mi grito parecía que se había escuchado en todo el hotel. Nos tumbamos en la cama de nuevo. -Mi pequeña princesa.- dijo acariciándome la frente.  

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